jueves, 18 de septiembre de 2008

TRASTORNOS



El café se me vuelve púrpura en los labios.


Impresiones tardías de un anochecer.

jueves, 26 de junio de 2008

Aún confundo a Monet con Cezanne, y todos los nenúfares me siguen pareciendo iguales.



























Mejor nos vamos, en un globo-klee-naranja difuminado.

jueves, 12 de junio de 2008

Y le miraba de reojo, entre página y página, y me encontraba a los dos artistas bebiendo como desesperados, riéndose como auténticos locos, mirándose como falsos enamorados...


Yo iba caminando, sin paraguas, con lentitud, por una de las calles del casco antiguo de la ciudad. Me gusta caminar cuando llueve porque casi todo el mundo se esconde, y parece que la ciudad es tuya, que es gris, que tiene el corazón roto. Yo iba caminando como siempre, a veces lento y a veces rápido. Entré en una calle más estrecha por la que no tengo costumbre de pasar. Sabía que daba a parar a una plaza con unos cuantos bancos, y que en medio había un buzón amarillo. Aquel día me sentía fatalmente melancólico, así que busqué el contraste del buzón amarillo con la plaza gris. Cuando apareció la plaza ante mis ojos caminé decidido hacia allí. El buzón en medio de la plaza y los bancos. Y como si también formase parte del mobiliario urbano, un hombre sentado en uno de los bancos, mirando al buzón. Lo observé desde la distancia, aunque se iba acortando a cada paso que daba. Me senté en uno de los bancos, empapándome del todo el pantalón, y volví a observarlo. Era un hombre mayor, con la piel arrugada y el pelo y la barba blancos, cubriéndole la boca y la nariz, que la tenia muy grande. Llevaba ropa vieja, pobre. Se notaba que era pobre. Pobre hombre, pensé. Hacía frío, y sentí pena de él. Fui tan estúpido de pensar que él estaba pasando frío sin quererlo, al contrario que yo. No era capaz de entender que alguien como aquel hombre pudiese pasar frío a propósito. Él también me observó. Fue un intercambio de interrogaciones, aunque al poco rato él se cansó y volvió a mirar el buzón. Me di cuenta que estaba escuchando algo, no sabía si la radio o un cd, pero llevaba unos auriculares en las orejas. Ya apenas llovía. Encendí un cigarro y aspiré profundamente. Me inventé una historia para aquel hombre. Decidí...

viernes, 6 de junio de 2008


Y te preparo un banquete de osos de gominolas, mientras tú llenas dos vasos de cocacola caliente, y brindamos las bocas, y nos quedamos callados, o me entiendes, o te entiendo, y el espejo nos contempla sin pudor... y tus lunares me hormiguean el cuerpo.
Porque sí.
Ya casi me voy:)

sábado, 17 de mayo de 2008



Podríamos construir un castillo de arena y quedarnos a vivir para siempre en la playa...




Va a subir la marea, y se lo va a llevar todo.

miércoles, 14 de mayo de 2008




Una estrella, tras una larga y dura jornada de trabajo (aguantando romances, borracheras y algún que otro asesinato) se ha atrevido a denunciar sus precarias condiciones laborales. Exige agua clara para beber, y que se prohíba la entrada en el local a aquellos que no guardan silencio durante su función. Aunque el sindicato aún no se ha pronunciado, es posible que este suceso acabe derivando en una huelga de todos los trabajadores afectados. Las autoridades han manifestado su preocupación, y parece que es inevitable que la crisis se acabe produciendo.

Aún no se ha hecho ningún balance sobre lo que podría suponer un paro en el sector astrológico, pero se estima que, si finalmente se produce, millones de soñadores y amantes saldrán perjudicados, y que las pérdidas de ganancias oníricas serán las más graves jamás registradas.





jueves, 1 de mayo de 2008

Los días que no vienes a clase es un alivio, porque dejo de preocuparme por deslizar mi libreta y mi brazo hasta la frontera de tu mesa, de pegarme más al papel para escribir, de inclinar mi hombro e ir acercándome lentamente hasta tu mano. .. Sin embargo, cuando apareces por la puerta, y me envuelve tu olor a hierba, y me despierto, me doy cuenta de que me encanta que vengas a clase, y que acabes siempre sentado a mi lado.

Empezamos a jugarnos, ¿no te parece? Yo me voy acercando y tú te dejas acercar. Mi mano acaricia al papel, aproximándose a la tuya, y cuando llegamos al margen de la libreta nos quedamos quietos, nuestras manos rozándose sin moverse, nuestra respiración ligeramente, sólo ligeramente, más agitada.

Me gusta cuando muevo la cabeza y agito mi pelo, y sé que te envuelve mi olor, y te quedas quieto contra la silla, oliéndome, apretando el bolígrafo entre tus dedos. Entonces provocamos una orgía de sentidos en la clase de arte, ante la mirada complaciente del profesor, que nos cree concentrados contemplando a la Venus del espejo, y la tensión aumenta mientras imaginamos que yo soy la Venus tumbada ante ti y que tú eres el que se refleja difuminado en el cristal. Y cuando suena el timbre nos vamos. Nos olvidamos de esos instantes en las clases de arte, y nos vamos.